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Tradición y modernidad
es el paradójico, aunque perfectamente ensamblado, binomio que caracteriza
a la Guardia Real: tradición por cuanto sus escoltas
y ceremonias oficiales en las que rinde honores están embebidas de
una solemnidad propia de cinco siglos de servicio a la Corona; y modernidad
en tanto en cuanto su misión exige la completa y sofisticada preparación
requerida por la seguridad de S. M. el Rey y la
Familia Real.
Actualmente, los hombres y mujeres que forman parte de este cuerpo llevan
a cabo su cometido conforme a un protocolo reglamentado a lo largo de siglos
de servicio. Pero, además de sus escoltas solemnes, sus guardias
y su presencia en cuantas ceremonias oficiales está presente, la
Guardia Real realiza también todas aquellas actividades
que complementan la seguridad de S.M. el Rey y la Familia
Real, así como otras operativas de carácter militar.
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Para el desempeño de estas actividades,
que son calificadas como tácticas, este cuerpo de élite ostenta
una formación exhaustiva y un alto grado de especialización.
Así, los militares profesionales de tropa de la Guardia Real
pueden formarse con infinidad de cursos de instrucción y adiestramiento,
que van desde cursos de conducción de seguridad, hasta de paracaidismo,
pasando por cursos de monitor de educación física, de escolta
privado, protocolo, sanitario… y un largo etcétera.
A la formación se unen otra serie de ventajas nada desdeñables,
tales como el disfrute de unas excelentes instalaciones deportivas; alojamiento
de calidad en El Pardo y todos los beneficios sociales de los soldados profesionales,
entre otras. Además de sus instalaciones en Madrid, posee otras en
Porto Pí (Palma de Mallorca), donde todos los veranos se desplaza
un destacamento. |